Mujer triste espejos

Como esas situaciones en la vida en que no sabemos qué sentir, porque hemos errado buscando la sensación de bienestar, porque en el camino nuestro cuerpo se moldeo a la masa de personas unidireccionales que andan y andan en las ciudades llenas de somnolientos caminantes; andantes de sus propias historias, carroñeros de los sentimientos desechados por los demás.

Quisiera hacer algunos momentos atemporales – mi mayor contradicción, si los momentos llevan tiempo-; congelar ese instante en que el corazón se expande pero no duele, sentarme a entender qué pasa en mis discusiones y si soy bipolar en mi estado de ánimo; romper mi cadena de plata, verme desde arriba y entender, pero mi corazón se expande y no es agradable, mi cabeza explota y no es agradable, me miro al espejo y no es agradable. Los espejos son entonces nuestro reflejo, pero si miro de cerca y marco un punto imaginario en mi pupila me pierdo, me pierdo en mis historias del pasado y no logro encontrarme. Perdida como una niña de ojos vendados llevada a un lugar desconocido.

Quítame las ganas que tengo de mí, porque me estoy consumiendo lentamente en este antro de mala muerte en mi cabeza, quítame los cuestionamientos constantes que hacen que mis trancas sean trancas más grandes… te hablo a ti, me hablo a mí.

Todo tiene un final, entonces la tristeza tendrá que marcharse para -espero- no encontrar a quién envolver, porque aunque mi envoltorio está sanado de las heridas -aunque con cicatrices-, mi ser interior sigue temblando y dando pasos en falso… me duele el alma constantemente y no encuentro las respuestas en google porque la virtualidad no ayuda, sólo dilata.

átame fuerte.

 

El tiempo no se detiene por nadie, y es necesario tomar nuestros pies para ponerlos sobre el camino y andar, la poesía nos recuerda que es posible si lo deseamos. 

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Las fotografías que acompañan el texto pertenecen a la artista Julie de Waroquier, conoce más sobre su trabajo en su página oficial

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Fuente: Cultura Colectiva