Nos guste o no, estamos continuamente manipulados de forma muy hábil por nuestro cerebro arcaico y por el conjunto de nuestros conflictos biológicos, psíquicos y transgeneracionales, aunque pretendamos creer que somos nosotros los dueños de nuestro destino.

Con esta expresión no pretendo hablar de un área anatómica en particular de nuestro cerebro, sino más bien de todos aquellos reflejos primitivos de supervivencia que hemos heredado de nuestro remoto pasado animal, al contrario de lo que podamos creer nosotros, (Homo Sapiens del Siglo XXI), siguen siendo esos viejos reflejos arcaicos los que dirigen cada momento de nuestra vida tanto a nivel biológico como comportamental.

De esta manera, enfrentamos las adversidades, reaccionamos en primer lugar de una manera animal antes de recurrir a nuestro pensamiento humano.

Y nos guste o no, estamos continuamente manipulados de forma muy hábil por nuestro cerebro arcaico y por el conjunto de nuestros conflictos biológicos, psíquicos y transgeneracionales, aunque pretendamos creer que somos nosotros los dueños de nuestro destino. Tal y como lo demuestran estas historias, estamos continuamente bajo la insospechable autoridad de un cerebro al que obedecemos sin ni siquiera darnos cuenta. Incluso se podría decir que, en gran medida, estamos pensados por nuestro cerebro, ya que este nos indica como de tiene que pensar, actuar, y reaccionar.

Creo que es útil ser consciente de ello para no quedarse en la ilusión, esto nos puede permitir saber un poco más sobre nuestros diferentes conflictos interiores para resolver aquellos más limitantes; y para vivir apaciblemente y en armonía con los otros: puede que nos evite mucho sufrimiento.

Nuestro cerebro arcaico se burla de lo que pensamos:

Y lo afirmo, nuestro cerebro se burla completamente de lo que pensamos y no lo tiene nunca en cuenta por que tiene problemas más serios por resolver, por consiguiente, la preocupación permanente de nuestro cerebro es nuestra supervivencia y solo le interesa lo más esencial. Esto me hace pensar en el comportamiento de un adulto que vigila a un niño pequeño y que, a veces, tiene que tomar decisiones firmes y arbitrarias sin tener en cuenta el punto de vista del niño.

Entre los cientos de ejemplos que pueden demostrarlo, les propongo el de una mujer en estado de menorrea casi permanente desde hace tres años a causa de un ciclo menstrual demasiado corto y recordemos que la menstruación es una constatación de un fracaso que significa que no ha habido fecundación y que el proceso natural permite la renovación del endometrio uterino a vista de la próxima ovulación y de una posible fecundación.

Sabiendo esto, me di cuenta en seguida que esta mujer no había llegado al cupo de niños que quería tener: si su cuerpo está siempre preparando el nido, es que su voluntad biológica de dar a luz es fuerte.

A modo de prueba: desde que era joven, esta mujer siempre quiso tener seis hijos, no menos, y se casó con un hombre que también quería tener seis,  tras el nacimiento del cuarto, se dio cuenta de que criar a cuatro hijos ya era difícil de gestionar. Entonces renuncio oficialmente y en conciencia a su deseo de tener seis hijos: además me dijo que se sentía aliviada de haber tomado esa decisión.
Salvo que, extraoficialmente, visceralmente y sin la menor consciencia, ella continua teniendo muchas ganas (y por lo tanto estrés) de tener hijos y su biología pone todo en marcha para ayudarle.

¿Cómo puedo afirmarlo? Simplemente porque en menos de una semana después de la consulta todo volvió a la normalidad,  gracias a la toma de consciencia de esta verdad inconsciente.

En el caso contrario, os recuerdo la historia de la mujer estéril que quiere realmente tener un hijo pero que no lo consigue a causa de una opción formal de su biología por la sequía que vivió durante su vida infra-uterina.

 

Fuente: La Logica del Sintoma-Laurent Daillie. 

 

 


Fuente: memoria emocional