Las personas con depresión suelen experimentar diferentes trastornos del sueño. Sin embargo, un hecho curioso que ha podido demostrar la ciencia es que durante estos estados los pacientes sueñan hasta tres veces más que una persona sin depresión. A pesar de que algo así genere a menudo turbación y cansancio, los sueños de las personas con depresión cumplen en realidad un fin muy concreto: regular el mundo emocional.
Este tema sin duda es nuevo y no muy conocido por muchos de nosotros. Cuando se habla de depresión es común que el foco de interés se centre en la sintomatología, en los desencadenantes o en los distintos enfoques terapéuticos existentes. Sin embargo, rara vez se aborda esta dimensión desde un punto onírico, es decir, comprendiendo un poco más qué ocurre en el cerebro de la persona con depresión cuando por fin logra conciliar el sueño.
“La interpretación del sueño es la vía regia hacia el conocimiento de lo inconsciente”-Sigmund Freud- Compartir
De hecho, a la afirmación de Freud sobre que los sueños son el camino real hacia el inconsciente, deberíamos añadir también que ese camino, esa ruta singular puede ser en realidad una carretera llena de tortuosos giros e infinitas vueltas que muchas noches no nos conducirán a ninguna parte. Sin embargo, nos ofrecerá eso sí, vistas espectaculares sobre lo que ocurre realmente en nuestra mente.
Los sueños de las personas con depresión por sí mismos no lograrán resolver el trastorno. Ellos son solo la evocación de un problema, son como un lienzo abstracto de Kandinski que intenta decirnos algo, dar forma a lo que nos duele, lo que nos enfada, lo que nos asusta, lo que nos atenaza. Los sueños de las personas con depresión son un mecanismo de defensa del propio cerebro intentando regular la emoción que perturba.

La fase REM en las personas que padecen depresión
La doctora Rosalind D. Cartwright es una célebre psicóloga de la Universidad de Cornell que ha dedicado gran parte de su vida a la investigación y comprensión del mundo onírico. En su conocido libro “The Twenty-Four Hour Mind”, por ejemplo, aborda la interesante relación entre nuestras emociones y el sueño. Se trata en realidad de un fabuloso trabajo de años y años de investigación donde destaca una idea: el cerebro intenta por sí mismo ayudarnos a gestionar todas nuestras emociones negativas a través de los sueños.
La manera en que lo lleva a cabo es tan fascinante como extraña, porque el paciente no nota en realidad que el hecho de “soñar” lo esté ayudando de algún modo. Sin embargo lo intenta mediante una serie de mecanismos. Son los siguientes.
Fase REM y sueños de las personas con depresión

Los pacientes con depresión pueden experimentar por ejemplo somnolencia diurna y gran dificultad para conciliar el sueño por la noche.
Cuando se despiertan suelen notar un profundo cansancio. Esto es así porque el descanso nocturno no es reparador, sino todo lo contrario: sienten que su cabeza está “más llena”, saben que han soñado mucho pero no logran recordar con nitidez de qué iban esos sueños.
Lo que ocurre en realidad es que los pacientes con depresión entran mucho antes en la fase REM. Asimismo, esta fase donde aparecen los sueños suele durar hasta 3 veces más. Es decir, las personas con depresión sueñan el triple que las personas sin depresión.
Cabe recordar también que al sueño REM se le llama “sueño paradójico” porque no proporciona descanso; de hecho, es el instante en el que generamos un mayor nivel de adrenalina.
Gracias a las nuevas pruebas de imagen y diagnóstico ha podido verse también que el sistema límbico, relacionado con las emociones, está más activo que nunca en la fase REM. Algo que solo ocurre con los pacientes depresivos.

La doctora Cartwright nos explica que cuando dormimos, el cerebro asume el control entendiendo que lo más relevante en ese instante para nosotros, antes incluso que ofrecernos un descanso físico reparador, es “empujarnos” a resolver nuestros nudos emocionales.
Ahora bien, a menudo lo hace del peor modo posible, mediante pesadillas y sueños poco agradables, ocurriendo lo mismo en los sueños de las personas con depresión. Todo aquello que nos produzca confusión, ansiedad o desesperación emergerá en ese territorio surrealista y extraño en un intento del cerebro por regular esa emoción negativa, por “desintoxicar” tan confusa tensión. 
“La interpretación del sueño es la vía regia hacia el conocimiento de lo inconsciente”-Gustav Jung- Compartir
Pautas de descanso en las personas con depresión
Somos conscientes de que “soñar” el triple, experimentar pesadillas y abrir los ojos al nuevo día sintiéndonos cansados, no es demasiado útil a la hora de afrontar una depresión. Por tanto, si en algo deber ayudarnos esta información es a conocer un poco mejor a nuestro enemigo y a entender por encima de todo, que nuestro cerebro nos avisa de que hay algo que debemos resolver.
Así, y sabiendo esto, siempre es útil aplicar una serie de estrategias relacionadas con nuestro descanso y recomendadas para mejorar los sueños de las personas con depresión, que pueden sernos de ayuda en caso de que estemos pasando por un estado similar, ya sea una depresión leve, una distimia o una depresión mayor:

Evitemos intensificar nuestra carga emocional antes de irnos a la cama. El pensamiento rumiante aumentará sin duda nuestro estado propiciando que la fase REM sea más larga, y quitándonos así la oportunidad de conseguir un descanso físico reparador.
Ejercicios, como la meditación o cualquier otra técnica de relajación que controlemos, nos serán útiles para irnos a la cama con la mente menos activa.
Asimismo, si tomamos antidepresivos, será bueno valorar qué efectos secundarios pueden tener sobre nuestro sueños y cambiarlos en caso de que estos sean significativos.
Es necesario además que ajustemos nuestros ritmos circadianos. Intentemos seguir un buen horario, donde el sueño comience y termine habitualmente a la misma hora.

A medida que avancemos en nuestro tratamiento y en la estrategia terapéutica, nuestro sueño REM volverá a ajustarse, durará menos y nos permitirá obtener un descanso más satisfactorio. En él, el mundo onírico dejará de ser tan convulso, enigmático y hasta aterrador. El cerebro dejará de dar tanta relevancia a nuestras emociones para llevar a cabo sus tareas nocturnas habituales: clasificar información significativa, organizar experiencias, enviar al olvido datos poco útiles…
Nuestro universo interior volverá a su equilibrio de siempre, lejos de las pesadillas, lejos de la sombra de la depresión. Esa cuyo impacto abarca todas las áreas de nuestro ser, incluida la del sueño.

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Fuente: lamenteesmaravillosa