Llevamos siglos prodigando el famoso slogan “Mens sana y corpore sano”. Y, aunque el sentido que le damos ahora dista mucho del original, lo cierto es que la investigación ha demostrado de muchas maneras diferentes que un cuerpo saludable es el hogar de una mente sana. Entre las múltiples pruebas que avalan esto encontramos la gran investigación que en los últimos años ha recibido la relación entre las bacterias intestinales con el cerebro, especialmente con las emociones.
Hace relativamente poco tiempo que los científicos encontraron una sorprendente relación entre las emociones y las bacterias intestinales. De hecho, las bacterias intestinales se han convertido en un tema candente de los investigadores en los últimos años. 
Existe una estrecha relación entre el intestino y el cerebro
Todos conocemos esa sensación de tener “mariposas en el estómago”. La investigación reciente está encontrando que puede realmente haber algo de verdad en la metáfora. Desde principios del siglo XXI, los científicos han estado investigando el vínculo entre las bacterias que viven en nuestros intestinos y la salud mental.
Sin embargo, esto no es nuevo. Ya a principios del siglo XX médicos y científicos escribieron mucho sobre cómo el contenido del colon – especialmente las bacterias dañinas que viven allí- podría contribuir a la fatiga, la depresión y las neurosis.

Aunque los primeros estudios e hipótesis sobre la influencia de las bacterias intestinales en el cerebro fueron desechadas por considerarse pseudocientíficas, en los últimos 15 años los científicos han comenzado a reexaminar el vínculo entre el intestino y el cerebro. A medida que se hacen más estudios, los investigadores están descubriendo que la comunicación entre el intestino y el cerebro es en realidad una calle de doble sentido.
El cerebro influye tanto en las funciones inmunológicas como gastrointestinales, las cuales pueden alterar la composición del microbioma del intestino. A su vez, las bacterias en el intestino producen compuestos neuroactivos, neurotransmisores y otros metabolitos que pueden actuar en el cerebro. Se ha descubierto, en investigaciones en ratones, que algunos de estos compuestos también pueden influir en la permeabilidad de la barrera hematoencefálica, que evita que las sustancias nocivas en la sangre entren en el cerebro.
Bacterias intestinales y estado de ánimo
Hace algunos años que la comunidad científica empezó a estudiar el efecto concreto que las bacterias intestinales podían ejercer sobre las emociones. Por ejemplo, desde hace algunos años se sabe que los microorganismos de nuestro intestino secretan un gran número de sustancias químicas, y que entre esas sustancias químicas están las mismas sustancias utilizadas por nuestras neuronas para comunicar y regular el estado de ánimo, como la dopamina, la serotonina y el ácido gamma-aminobutírico (GABA). Estos, a su vez, parecen desempeñar una función en los trastornos intestinales, que coinciden con altos niveles de depresión mayor y ansiedad.
Además, desde hace tiempo ya sabemos que gran parte de nuestro suministro de neuroquímicos se originan en el intestino, donde estas señales químicas regulan el apetito, los sentimientos de plenitud y digestión. Sin embargo, no ha sido hasta hace pocos años cuando la investigación ha tomado en cuenta seriamente el papel que los microbios desempeñan en la liberación de estas sustancias químicas tan especiales.
El papel de las interacciones cerebro-intestino-microbiota
Recientemente, investigadores de la UCLA han identificado la microbiota intestinal que interactúa con las regiones cerebrales asociadas con el estado de ánimo y el comportamiento. Esta puede ser la primera vez que se han identificado las diferencias conductuales y neurobiológicas asociadas con la composición microbiana en humanos sanos, ya que las investigaciones anteriores se habían realizado con animales.

Este estudio reafirma que las interacciones cerebro-intestino-microbiota pueden desempeñar un papel importante en nuestra salud e incluso en nuestro comportamiento. Investigaciones anteriores ya sugerían que la microbiota, la comunidad de microorganismos del intestino, puede influir en el comportamiento y la emoción.
Pero, ¿influye el intestino en el cerebro o el cerebro en el intestino? No está claro si es el intestino el que está influyendo en el cerebro y su desarrollo o si es el cerebro el que está influyendo en el intestino. Los investigadores advierten que es difícil sacar conclusiones causales -que vayan más allá de la asociación-, ya que este es todavía un campo joven, en el que la mayoría de los estudios a gran escala están aún en curso.
La importancia de las bacterias intestinales
La investigación sobre la influencia de las bacterias intestinales y su influencia en la función cerebral sigue su curso. Todavía queda mucho por descubrir y por aclarar. Hasta ahora, las diferentes vías de investigación han aclarado que:

La microbiota intestinal es una población grande que es importante para el metabolismo saludable y la función cerebral,
Las vías de comunicación intestino-cerebro incluyen conexiones neuronales
La microbiota intestinal es importante durante el desarrollo temprano y pueden influir en el “cableado” de circuitos de estrés en el cerebro
Los probióticos, o “buenas bacterias”, pueden tener un impacto beneficioso sobre los síntomas del estado de ánimo

No cabe duda de que la microbiota es un modulador importante de la salud y las emociones, que debe ser considerada como parte de un complejo y multifacético sistema de comunicación, necesario para establecer un equilibrio saludable en el desarrollo del cerebro. Así que, mientras estamos atentos a lo que la ciencia descubre, será mejor que cuidemos nuestros cuerpos y estemos atentos a los mensajes que nos pueda mandar.

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