“Nadie me avisó de madurar así, junto a la vida y el frío en
el cajón
de la fruta que se pudre”.
Elena Medel

He visto mi vientre abultarse como si se tratara de la tristeza inflándose mientras me veo al espejo. Las formas redoneadas de mi cuerpo se distorcionan ante mis ojos, de pronto mis piernas son más anchas que mis brazos o visceversa. No veo mi cuerpo como en realidad es, veo lo que acabo de comer. Cuento una a una las calorías, me miento, me digo que han sido menos, que no comí por arrebato las sobras, que sólo tragué y tragué la culpa para reventarme el estómago.

 

Desde niñas nos enseñan que no debemos comer lo que nos gusta, que todo debe medirse según nuestro peso y estatura, y que hay un límite de calorías. Tenemos que mesurarnos, y este es el comportamiento que debemos seguir por haber nacido mujeres. Nos educaron para sentir culpa cuando ingerimos alimentos. Esa misma culpa —o asco— que sentimos cuando nos llega el periodo por primera vez. Nuestros pechos crecen, las caderas se ensanchan y el cosquilleo del vientre que alguna vez pareció un juego que no sabíamos cómo funcionaba, ahora se vuelve más intenso. Un cosquilleo que al llegar al clímax hace que liberemos todo aquello que no sabíamos qué significaba… Pasa algo parecido con la comida, pues crece la ansiedad por englullir hasta encontrar la satisfacción.

relacion de culpa con la comida

 

La feminidad es corporal. Todo lo relacionado a esto es a través del cuerpo. Al momento de nacer “mujeres” nuestras decisiones pasan a ser públicas, a que otros opinen y decidan qué es lo mejor. La presión social que se ejerce contra nuestra vulnerabilidad nos encasilla en que ser las “frágiles”, las “débiles de pensamiento”, cuando en realidad hemos combatido tantas luchas contra lo que nuestra mente nos hace creer y contra lo que el resto nos dice que creamos.

Nuestro cuerpo, así como lo que comemos, ese animal indecente,  pertenece a todos menos a nosotras. Desde el momento en el cual lo que deseamos no es lo que quiere el resto, se nos mira desde la desaprobación y se nos etiqueta como traidoras, como no “sabes ser mujer”, pero en realidad, ¿qué es ser mujer?

 

las mujeres y la comida

Algunas veces nos avergonzamos de comer en público, pues solemos imagiarnos que los demás están juzgando lo que ingerimos. Así que optamos por comer en secreto, y es cuando los problemas con la comida surgen desde la soledad, en la que intentamos que nadie conozca la forma en la que nos sentimos y nos ocultamos del mundo.

transtornos alimenticios en mujeres

Metí a mi boca todo lo que pude. Deseaba tragar la soledad. Te vi marcharte porque era lo mejor que podíamos hacer, tragué mi dolor con la firme creencia de que dejara de dolerme, de que quizá volverías. Lloré todas las noche y comí porque lo único que me quedaba era el breve placer que producen los alimentos grasosos. Supe, entonces, que iba a volverme loca si no sustituía el amor propio con la comida. Tragué mi culpa, mi pasado y lo que quedaba de este cuerpo inmóvil. Tragué hasta que tu nombre desapareció.

atracones de comida mujeres
Lee Price, artista estadounidense, ha pintado a mujeres y la relación que tiene con los alimentos desde hace 20 años; le interesa la imagen corporal, la adicción y el deseo insistente, esas batallas personales con el cuerpo; lucha que también ha tenido que librar. Una problema que va en aumento, ya que en México, los trastornos alimenticios se incrementaron 300 % durante los últimos 20 años, además de afectar al 90 % de la población de mujeres, mientras que en hombres sólo un 10 %.

mujeres que comen en exceso

Sus pinturas las considera autorretratos, por eso usa el mismo modelo, así como alimentos que produzcan un éxtasis, aquello que sea prohibido, indulgente y reconfortante. Los principales espacios en los cuales las escenas se llevan a cabo son bañeras y camas; lugares privados, llenos de soledad e inusuales para encontrar a alguien comiedo. El espacio íntimo hace hincapié en el carácter secreto con el que la conducta compulsiva se revela. La soledad y la paz del entorno son una yuxtaposición de la frenética sensación y la pérdida de control de las acciones de una mujer.

mujeres que comen mucho

La artista funge como vouyersita al realizar las pinturas con la perspectiva de “vista de ojo de pájaro”. El sujeto mira abajo y se observa en el acto de la conducta compulsiva, siendo consciente de lo que está haciendo, pero incapaz de parar.

Otro de los aspectos que Price exhibe son las cualidades —que no tienen— otorgadas a los alimentos, pues se busca el consuelo a través de estos como si fuera la única opción.

mujeres que comen demasiado

En las pinturas “Snack” y “Asleep” transmite la sensación de pérdida de control, un ambiente de frenesí, y cómo es que la compulsión nos distrae del presente en el que el acto concluye con la serenidad. En un intento por convencernos de que la satisfacción momentánea durará un largo tiempo cuando en realidad ese sentimiento incómodo que estamos evitando, prolonga e intensifica el sufrimiento.

las mujeres y la comida

En la mayoría de las obras no se puede observar el rostro de las mujeres; una de las interpretaciones sería que existe cierta vergüenza por sus acciones; sin embargo, la autora menciona que quien lo deduce de esta manera es porque ha experimentado algún trastorno y ha sentido la necesidad de encubrir.

transtornos alienticios

La obra “Sleeping with Peaches” es una pieza de transición con la que se forma su segunda serie de pinturas; se concentra en las asociaciones positivas entre las mujeres y los alimentos.

relacion positiva entre la mujer y la comida
En esta serie, Lee Pice explora la forma en la que convertimos un objeto en obsesión-compulsión, propiedad que una fuente superior —por ejemplo, Dios o la voz interior— le otorga, pues vemos a la comida como algo sagrado.

mujeres y problemas alimenticios

En “Blueberry Pancakes” la mujer está sentada en la bañera con una postura parecida a la meditación, como si el comportamiento compulsivo apagara la vida de quien lo padece. Algo parecido sucede con las drogas o el alcohol, pues estas sustancias anestesian a las personas y las aleja fugazmente de su vida real; para Price, la bañera representa un ataúd.

mujeres que comen demasiado

Las mujeres han utilizado la comida para clamar la ansiedad y llenar los huecos que no son el hambre física; después de perder el control se experimenta el estado de culpa y se siente miedo por el posible aumento de peso. Estos actos se relación con la estabilidad emocional que una persona tenga en su vida.

Despierto algunas veces con un vacío en el centro del cuerpo. Me dirijo hacia la cocina, abro el refrigerador y trago para alimentar el silencio y la oscuridad. Bajo la sombras, y después de comer al azar, todo se vuelve luminoso. Luego, toco mi abdomen y la piel corrugada me dice que debería mutilar un pedazo para achicar mi abultada panza de vaca.

comer en exceso

Lo que Lee Price quiere generar con sus pinturas es que los temas del consumo compulsivo, el hambre, la vergüenza y el secreto de comer a escondidas se conviertan en asuntos de discusión pública, pues aún son un tabú y muchas mujeres no se atreven a contar sus historias.

Tal vez para que la relación con la comida no resulte algo con lo que se sienta culpa, la alimentación se debe alejar de la prohibición por consumir ciertos alimentos, por reprimir deseos; es necesario que en la niñez se enseñe a comer saludablemente, a aceptar que cada cuerpo es distinto y debemos amarlo, que está bien si comemos algo que nos guste pero aprender a equilibrarlo, de la misma forma en la que se equilibrarán nuestras emociones.

transtornos de alimentacion

“Madurar

era esto:

no caer al suelo, chocar contra el suelo, contemplar el pudrirse

de la piel

igual que un fruto antiguo.

(…)

 

mujeres que comen

 

¿O quizá en la boca uvas para el postre del color

de la rodilla que cae al suelo,

de la rodilla que choca contra el suelo? Me tambaleo. Y era yo

el zumo en la garganta, y era yo el frío, era yo

las uñas y el estómago, quién era yo en mis años

con tres, en mi tiempo con diez hilos de cabeza.

mujeres que sienten culpa

(…)

Pensé en mi edad y pensé en vosotros y pensé

que nadie me avisó de madurar así, junto a la vida y el frío en

el cajón

de la fruta que se pudre”.

Elena Medel

comer compulsiva

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Visita la página de Lee Price:

http://www.leepricestudio.com

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Fuente: Cultura Colectiva