Es el método más eficaz para eliminar ácaros, limpiar materiales porosos o lugares de acceso difícil.

Los productos para la limpieza del hogar representan un problema ambiental y de salud de primer orden. Entre sus ingredientes se encuentran sustancias irritantes, alergénicas, cáusticas, neurotóxicas y cancerígenas.  Esta sobrecarga es una amenaza tanto para la salud humana como para la flora y la fauna de los cursos de agua.

Los productos de limpieza ecológicos son una alternativa válida porque están elaborados con ingredientes biodegradables y más amables con el cuerpo, pero su impacto no es igual cero. Por eso existe un creciente interés en los sistemas de limpieza con vapor a presión, que no requieren la utilización de ningún producto. Les basta con el agua del grifo.

La Exprés de la Higiene

Las vaporetas se desarrollaron en los años 80, en Italia, a partir de la tecnología de la cafetera exprés. Ablandan la suciedad y esterilizan sin efectos secundarios (los bactericidas que se añaden a los productos de limpieza convencionales perjudican la vida de los ríos y algunos favorecen la aparición de infecciones resistentes al tratamiento con antibióticos).

Además reducen el consumo de agua a la mitad y pueden ser utilizados en lugares poco ventilados o que deban ocuparse inmediatamente, sin temor a las emanaciones tóxicas. La limpieza al vapor interesa especialmente a las personas que sufren alergias, porque el calor del vapor penetra los poros de cualquier material y mata inmediatamente a bacterias, virus, ácaros, hongos y mohos.

El método es ideal para rincones de difícil acceso (persianas, cercos y juntas de ventana, radiadores, rejillas, raíles, rieles, lámparas, bajos y fondos de frigoríficos, sumideros, herramientas, juguetes, mobiliario de jardín, plantas, etc.) y materiales porosos (cortinas, alfombras, sillones, colchones, mantas, almohadas).

En la limpieza de artículos delicados se puede interponer un paño delante del chorro de vapor, pero pierde mucha eficacia. El vapor seco no es conveniente para tejidos como la seda ni para superficies pulimentadas, como las de un coche.

Los mejores resultados se obtienen pasando previamente una aspiradora, un trapo o la escoba, para eliminar mecánicamente toda la suciedad posible, de manera que no impregne sobre la superficie por donde se va a pasar la vaporeta. Después de que se ha pasado ésta y ha hecho su trabajo, se vuelve con la aspiradora para recoger la suciedad que se ha despegado. Algunas vaporetas incorporan un sistema de aspiración para evitarse el último paso. En la práctica significa que no debe quedar humedad sobre la superficie que se acaba de limpiar.

Los aparatos domésticos son eficaces

Las vaporetas industriales pueden expulsar vapor a casi 200 grados de temperatura y son eficaces para desengrasar maquinarias y limpiar herramientas y superficies muy sucias. Pero el uso en el hogar no requiere tanto. Una buena vaporeta doméstica debe proporcionar vapor a más de 120ºC y con una presión de 4 a 20 bares. Éstas son las condiciones mínimas que una vaporeta debe cumplir y hay que cerciorarse de que así es a través de la ficha técnica.

Las máquinas de limpieza a vapor a presión profesionales y las domésticas realmente eficaces utilizan vapor seco, también llamado vapor saturado. Este vapor, fruto del calentamiento en altas presiones, apenas moja pues contiene sólo un 5% de humedad. Hasta las alfombras que se limpian con vapor se secan en menos de 20 minutos (no obstante, el vapor favorece la aparición de hongos en la parte inferior de la alfombra).

Las vaporetas grandes con ruedas y que permanecen enchufadas pueden mantener la temperatura todo el tiempo necesario y contienen suficiente agua para realizar trabajos largos. Los modelos “de mano” son muy prácticos, pero pierden temperatura y pueden almacenar poca agua.

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Fuente: bloghogar