Aislamiento, ansiedad, insomnio, crisis de nervios, arrebatos emocionales, tendencias obsesivas, dependencia y miedo es lo que una víctima de gaslight atraviesa cada vez que su acosador intenta volverla loca, literalmente. Esta tortura psicológica se presenta como una historia tétrica de una película de horror y  termina por despojar a una persona de absolutamente todo lo que es.

El gaslight exprime, agota y vacía a quien se confunde cada segundo, para que en medio de la ambigüedad, esta víctima se crea completamente incapaz de sobrevivir al borde de la locura. “Hacer luz de gas”, como se traduce esta expresión al español, consiste en conseguir que alguien dude de sus sentidos, de su razonamiento y hasta de la realidad de sus actos para convertir a quien sufre de maltrato psicológico totalmente dependiente de su pareja; misma persona que cree ser su dueño.

“Gaslight”, además de una forma de esclavitud presente en algunas relaciones, es el nombre de un clásico del cine que por primera vez retrató de manera abrupta los alcances de esta eficaz y cruel manipulación. Misma que termina por anular la voluntad de quien juega el papel de víctima, pues a través la seducción, el aislamiento, la mentira, la invalidación y el abuso termina por admirar a su propio verdugo. 

“Gaslight” un clásico del séptimo arte, pero también una
atrevida representación sobre violencia de género.

El juego macabro entre el acosador y su presa inicia con una enorme desventaja, pues después de aislar de todo y de todos los que podrían ayudar a la víctima, la mente maestra comienza a inducir al otro a un mundo en el que todo parece incierto, casi irreal. Al menos así es como Charles Boyer termina por desquiciar a Ingrid Bergman en la cinta de George Cukor, “Gaslight”.

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Ambos actores interpretan a un matrimonio estadounidense que acaba de mudarse a la casa de una tía recientemente fallecida. Escenario perfecto para que Gregory, el esposo de Paula, le haga creer que está completamente desequilibrada. A partir de que ellos ponen un pie en esa mansión, extraños sucesos comienzan a mermar la tranquilidad de Paula.

Precisamente así funciona la técnica abusiva con la que estos sociopatas y narcisistas intentan sembrar dudas sobre la propia cordura, y lo más importante, sobre su identidad. El gaslighting, como también se le llama a esta forma de violencia psicológica, es un lavado de cerebro que poco a poco se logra al ofrecer información falsa o incompleta para hacer desconfiar a la víctima sobre su memoria, percepción y cordura, elementos que también podemos observar en la película de Cukor. 

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Una víctima de gaslighting no sólo pierde el sentido de su realidad,
también se olvida de su propia identidad. 


El filme de drama y misterio fue una ventana oportuna para que en medio de una confusión creada por la misma muchos comprendieran las razones de por qué la violencia de género se convierte, tan fácilmente, en un círculo del que es casi imposible escapar. Este tipo de torturas mentales desorientan a la víctima y la extravían entre la realidad y los argumentos infundados de quien la presiona constantemente para trastornarla. Depender del mismo agresor parece ser la única salida.

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El término gaslight ahora es usado profusamente en la literatura clínica psiquiátrica comenzó a utilizarse coloquialmente desde 1970. Describe los esfuerzos de manipular la percepción sobre la realidad. Pero hoy se sabe que personas con perfiles psicópatas y/o narcisistas utilizan esta forma de abuso permanentemente para producir la erosión del sentido de identidad de sus parejas.  Justo como sucede con Paula y Gregory, quienes se fusionan como dueño y esclava en este clásico de la pantalla grande.. 

Ambos personajes reflejan un tema complejo donde, en el plano artístico, confluye la estética; y psicológicamente, una problemática que paraliza a la persona que el agresor decida desacreditar una y otra vez hasta anular su sentido crítico.  

Cukor no fue el único que mostró ápices esta tortura, en 1944 “Gaslight” se convirtió en un clásico que había compartido con el espectador una perspectiva distinta sobre la valoración de la conducta machista como una fuente de poder para el agresor y, a partir de ésta, otros filmes de suspenso comenzaron a perfilarse como las secuelas de “Gaslight”.

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Otras películas en las que esta tortura psicológica
se devoró la cordura de la víctima:


“La cumbre escarlata”, la cinta de Guillermo del toro, también es una cortina de gas pintada de apariciones fantasmales en las que la violencia de género impera. La manipulación de pequeños detalles provoca que la mente de Edith Cushing,  protagonista del filme, comience a trastornarse hasta no poder distinguir entre la ficción y la 
realidad. 

“La cumbre escarlata” (2015) – Guillermo del Toro 

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“Alicia en el país de María” es otro ejemplo de cómo las “lagunas mentales”,  impuestas o inventadas por un agresor, son parte de estas cortinas de humo que nublan la claridad mental de quien intenta explicarse tantas cosas. Sin embargo, no poder entender la verdad, porque ésta se le oculta a la víctima, todo comienza a tomar la forma que el abusador desea. Alicia, la víctima de gaslighting en esta película mexicana, se pierde por completo en un universo de cuatro paredes que su pendenciero construyó con base en mentiras y chantajes, al grado de adoptar otra identidad, la de María.

“Alicia en el país de María” (2014) – Jesús Magaña

La cinta protagonizada por Ryan Gosling y Kristen Dunst, “Todas las cosas buenas”, se inspiró en la vida real de Robert Durst, quien por años se investigó sin encontrar rastro de haber estado involucrado en un asesinato. Se le culpaba de asesinar a su esposa pues continuamente abusaba de ella psicológica y físicamente. El gaslighting se convierte en el argumento principal para que David Marks, el personaje de Gosling, intente acusar a su esposa de estar completamente confundida y trastornada, y así justificar su comportamiento abusivo.

“Todas las cosas buenas” (2010) – Andrew Jarecki

Hoy existe un gran cantidad de bibliografía que puede describir a detalle el fenómeno glaslighting, y el cine es también, una gran oportunidad para que desde distintas perspectivas entendamos cómo es que algunas actitudes, por más inofensivas que parezcan, pueden ser parte de una manipulación peligrosa con la que muchos confunden al “amor”. Fingir que el otro no sabe expresarse para convencerlo de que sus argumentos no son válidos, cambiar fechas de eventos para confundir a la pareja, negar los hechos, cambiar el tema, ridiculizarla frente a otros, acusarla sin motivos, devaluar su opinión, entre otras cosas son motivos suficientes para reconocer que existe una relación basada en “hacer luz de gas”.

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Fuente: Cultura Colectiva