¿Cuánto de todo lo que tapamos, vuelve una y otra vez, y se cuela en nuestros sueños y temores, y se convierte en piedras para tropezar con nuestro pasado?

¿Cuánto de aquello que somos en el presente viene con nuestros ancestros? ¿Cuántos fantasmas, creencias, lastres y experiencias ajenas quedan por escenificarse en el hoy hasta no sanar el ayer? ¿Sólo el fuego purifica los errores de nuestros mayores?

El pasado regresa siempre en forma de fantasma si no estamos decididos a ver la cara de la verdad. Esos son los “espectros” que encarnan estos personajes universales: la madre, el hijo, la novia, el falso padre de la novia, el pastor como representante de la moral religiosa, y los fantasmas que llegan con la voz de la culpa y atormentan la hipocresía del presente.

¿Qué nos ofrece este clásico? Un debate y una búsqueda para que nos animemos a revisar qué heredamos de nuestros mayores.

Desde la psicogenealogía sabemos que los hijos no están para pagar los errores de sus padres, pero vemos a diario en las consultas que sí son víctimas de sus silencios y su sistema de creencias: se hereda una manera de enfrentar la vida, de reaccionar ante lo vergonzante, lo horroroso, lo inaceptable.

Repetimos las historias familiares con el intento de alcanzar esas piezas del puzzle que no encajan. Lo oculto, lo tapado, lo disimulado, aquello que distorsiona la realidad, eso que se calla y persiste emerge una y otra vez, se reproduce de generación en generación.

¿Y por qué repetimos?

Porque es una estrategia del inconsciente para hacerse oír. Hasta que por fin, tal vez, la revelación sale a la luz después de muchos padecimientos, dolores y tras una existencia con total falta de libertad. Los fantasmas vuelven y se expresan por un signo débil, un dolor que casi no se percibe, una molestia que avanza, un síntoma más fuerte, que es la antesala de una enfermedad del cuerpo o del comportamiento.

En su época, las tesis de Ibsen resultaban escandalosas. La polémica en cada estreno y las prohibiciones que sufrió  por parte de “la buena moral”, fue el telón para ocultar lo que “es preferible callar”: el incesto, la traición, la hipocresía, la mentira, el abuso, las adicciones, la corrupción. Para la sociedad dominada por los valores victorianos era intolerable que el teatro expresara estos temas.

Ha pasado el tiempo. Lo mismo sucede en la actualidad: siempre que se cuestiona el modelo de familia tradicional aparece la voz censora que pide silenciar lo inaceptable, que se niega a denunciar -a “ventilar”-  lo que debe guardarse puertas adentro … y es entonces cuando gana la letal sentencia que impide sanar: “de eso no se habla”.

En Espectros, los fantasmas aparecen para exponer las miserias más profundas de la célula por excelencia del cuerpo social: la familia. Cuando ya no puede sostenerse la tapa de esa olla a presión que es un secreto familiar, se reviven /se repiten los mismos monstruos. Así sucede con la generación más joven (el hijo de la señora Elena Alving y del disoluto capitán Alving)que encarna lo inconcluso, lo irresuelto, lo silenciado en la generación de sus padres. La verdad recae en el desdichado hijo de una mentira familiar, y se cuela siempre –tarde o temprano–. El hijo de un  hombre sin escrúpulos ni honor es ahora la víctima de un sistema de creencias que domina al clan: el qué dirán  sepulta la posibilidad de ser libres.

Exiliado, abandonado, apartado del hogar, el hijo regresa moribundo al refugio que su madre puede ofrecerle. Y en su estado de desesperación parece ver un rayo de esperanza para su vida miserable: ¿puede ser posible el amor? Pero no sabe que enamorarse de la criada, Regina, hace eco en el espejo turbio de su padre que había abusado en la juventud de otra sirvienta de la casa, la madre de Regina. A la sífilis que trae en su cuerpo el hijo pródigo se suma la infección menos visible, menos sospechada: el erotismo incipiente entre Regina y Osvaldo  ignora el vínculo de sangre (de hermandad) que los une, y la sombra de la fatalidad se expresa de la manera más cruel.

¿Cuánto se puede ocultar una verdad?

Todos cargamos con espectros familiares hasta que decidimos tomar conciencia y ver, aceptar y soltar. Conocer la verdad nos libera.

Fuente: http://bit.ly/2tbk0Y2

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Fuente: memoria emocional