Madre duerme. Me duele el pecho. Suenan ecos por los conductos de mis cavidades. Me has partido en dos de una estocada. Verticalmente. Sinuoso cuerpo desmembrado. Uncida estoy por la viscosidad de mi interior. Con dos llamas me prendo demasiado. Sigo preguntándome si será la sustancia o mi propio veneno lo que me vuelve depresiva. Solían ser graduales los cambios de ánimo. Ahora son así, arrebatados, bruscos. Me siguen las sombras de mi habitación: una vela encendida, la lámpara a un costado de mi cama haciendo abanicos de luz sobre la pared. La pared es verde.

Ecos que suenan por los conductos de mis cavidades

Yo reclino el lado izquierdo de mi rostro en ella. La siento fría como la temperatura de mi corazón. Porque también él se ha vuelto inerte y con tendencia al congelamiento. Pero brotan gotas. Se aviva una corriente debajo de las faldas de mi corazón impávido. Se resiste. Pulsa de adentro hacia afuera. Se hincha como la respiración de un toro, o de un caballo. Luego me vuelvo entera, tibia y agonizante, pero de cara al cielo que grita y me desnuda de madrugada. La voluntad-león atraviesa como rayo de sol de aurora. Ya viene. He de renacer. Quizá es lo que tratabas de decirme, pero yo no me he dado cuenta, no me he dado cuenta, no me he dado cuenta, no.

Ecos que suenan por los conductos de mis cavidades

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Conoce las fotografías que retratan la vulnerabilidad humana y el instinto animal como retrato de una fantasía perfecta.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a la fotógrafa e ilustradora española Henar Bengale, descubre aquí más de su excelente trabajo acerca del cuerpo femenino.

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Fuente: Cultura Colectiva