“Somos la peor generación desde la última que fue considerada la peor.”
-Anónimo

“Woodstock fue –si no una pesadilla– entonces un masivo, pululante deseaste.”
-Mark Rosenball

Es momento de aceptar, sin duda y con absoluta certeza, que las leyendas nacen a partir de una realidad distorsionada. Si regresamos a 1994, escucharemos sobre controversia en la réplica del 25 aniversario de Woodstock: Green Day inició peleas de lodo, hubo escasez de comida y alimento, sin mencionar distintas peleas que surgieron durante ese fin de semana de agosto que fue llamado “una vergüenza” para el legado del famoso festival.
Cinco años después, en 1999, se celebraron los 30 años y todo empeoró. Durante los cuatro días hubo golpes, violaciones, incendios y distintos ataques que marcaron la última vez que se intentaría un festival de esa magnitud (o al menos bajo ese nombre). Los medios y los veteranos musicales mencionaron que ambas secuelas del concierto original eran lamentosas; que apenas y guardaban el espíritu de los jóvenes de antaño que tenían la paz en mente. Pero lo cierto es que no es una verdad absoluta.
A partir de esa “blanca” mentira, nació una fantasía que nosotros creemos que tuvo lugar esas 72 horas en White Lake, New York en 1969–que estuvo más cerca a un “mal viaje”, que a un hermoso recuerdo en nombre de la unión por medio de la música.

Es cierto que Woodstock, como simplemente se le llamaría al festival, marcó un momento importante en la historia de la música y de la contracultura. Los jóvenes finalmente habían llegado a un momento de libertad de expresión que parecía haber desaparecido y se encontraban en un espacio donde podían abrirse a la unión de otras personas. Bajo el contexto de la guerra de Vietnam, también influyó en que algunos de los asistentes desarrollaran creencias complejas que después representaron en distintas expresiones artísticas. Fue increíble la forma en que sucedió y con casi 400 mil asistentes, cambió por completo la visión del mundo. Pero todo tuvo su costo.

Woodstock 1969 asistentes

“No puedo recordar todo. Una cosa que sí recuerdo es que la multitud era tan grande que los viajes a los baños portátiles siempre requerían un camino sin fin de disculpas mientras accidentalmente pisaba los pies y piernas de las personas.”
-Glenn Weiser

La cinta “Taking Woodstock” y otras obras literarias hacen crónica de las dificultades que tuvieron que pasar Elliot Tiver, Michael Lang, John P. Roberts, Joel Rosenman y Artie Kornfeld para llevar a cabo el festival. Además de los problemas con los permisos, tuvieron que convencer a una población completa a que permitieran acceso al espacio. También es bien conocido que gracias a la promoción en radios y los comentarios boca a boca, la asistencia fue mucho más grande de lo pensado, por lo que todo intento de seguridad y orden fracasó. El documental titulado “Woodstock” hace un recuento de esto y aunque muestra escenas en las que la audiencia pasa por distintos momentos complicados, fracasa en representar de forma apropiada la verdadera tortura o aburrimiento a los que algunos se sometieron inadvertidamente.

Woodstock 1969 amor

Mark Hosenball y Hendrik Hetzberg son sólo un par de entre distintos testimonios que aseguran lo mismo: Woodstock fue terrible. En primer lugar, tenemos que mirarlo de una forma lógica. El escenario de Woodstock era de un tamaño considerado normal. No demasiado grande pero tampoco pequeño, pero pensar que 400 mil personas podrán escuchar con equipo de sonido de la época, es completamente absurdo. Mientras que para algunos fue completamente aburrido, como asistir a cualquier tipo de concierto, para otros resultó ser una pesadilla. Entre la lluvia, frío, falta de casas de campaña, enfermedad y posibles sobredosis, era prácticamente imposible disfrutar de todo lo que sucedía en el escenario. Las imágenes que vemos en el documental o en las fotografías, son de periodistas y profesionales que trabajaban con el equipo de planeación. Las tomas nocturnas son casi nulas y no muestran cómo cientos tenían que dormir entre orines y excrementos de otros asistentes que se negaban a moverse de lugar o estaban demasiado drogados para hacerlo.

“Mientras nos recostamos ahí, tratando de dormir, un montón de gente interminable se movía de ida y vuelta. Toda la noche, sin cesar, sus pies aplastaron, golpearon y azotaron a pocas pulgadas de nuestra cabeza. Algunos de esos pasantes estaban desorientados por los químicos. Su pánico y confusión los hizo perder noción de sus pasos. La lluvia, el lodo, le interminable movimiento y traqueteo, el constante miedo de que nos pisaran la cara. Todo eso lo hizo difícil.”
– Hendrik Hertzberg

Woodstock 1969 fiesta

Hay recuentos de fuerte actividad sexual fuertemente impulsada por las drogas. En algún punto del documental, un anunciante de seguridad da aviso de que alguien está compartiendo ácido “malo” con la audiencia. Indica las señas particulares, se escuchan algunas risas, pero el concierto continúa. Al principio puede parecer gracioso, pero hubo un muerto por sobredosis de heroína y aunque no existe un registro claro, algunos aseguran que superaron la cantidad de consumir y su psique fue demasiado afectada.

Woodstock 1969 concierto

La falta de suministro de agua y alimento también fue un problema. Cientos de asistentes tuvieron que escapar del lugar al no poder sacar su automóvil para ir a su casa en busca de comida, mientras que miles pasaron hambre, aferrados a mantenerse en un concierto que, para la mayoría, al menos parecía histórico. Los testimonios como los de Rosenball y Hertzberg le quitan un poco de magia a la leyenda que ha crecido alrededor de esos “tres días de paz y música”. Revelan lo que fue cierto para una mayoría y opacan por un momento las representativas imágenes de los asistentes más cercanos al escenario, quienes pudieron disfrutar del concierto, drogas y sexo, además de que no sufrieron de hambre, pero tuvieron que recibir comida de hombre extraños, siempre dudando de si tenía droga o no.

“Tomé un tour por el lugar y concluí que la multitud se había hecho demasiado grande para el lugar. Preocupado de que no pudiese escapar por varios días […] Pedí aventón de unos asistentes decepcionados y frustrados por el embotellamiento que les impedía entrar al concierto, también estaban preocupados por los boletines de radio que avisaban que ya había demasiada gente y que ya no se podía entrar. […] Estuve muy agradecido de regresar a la civilización.” – Mark Hosenball

Las fotografías más famosas toman esos extremos cercanos a “la zona de confort” y ocultan las diferentes tragedias en la que vivieron miles de personas. Lo cierto es que a pesar de todo ese dolor, incomodidad y hambruna, se desarrolló una unión entre todos los asistentes. Así lo hayan disfrutado o no, fueron parte de un momento que significaba una declaración antiguerra exigiendo un mundo más libre donde todos pudiesen expresarse sin problemas. Quizás la actualidad no es la utopía que imaginamos, pero podemos decir que lo lograron.

Woodstock 69 recordar

Woodstock 69 es recordado con distintas perspectivas y su estado de leyenda continúa gracias a esa mentira distorsionada que oculta una realidad mucho más obvia, pero que preferimos ignorar. Las secuelas violentas del 94 y 99 podríamos tomarlos como similares al original, pero por primera vez las generaciones más antiguas tuvieron razón. La humanidad y calma que se vio en 69 que unió a los jóvenes en una sola idea de cambio revolucionario por medio de la música a pesar de las adversidades es algo irrepetible y al menos eso es algo que los libros de historia no pueden cambiar.

Fuente: Newsweek, CelticGuitarMusicNewsRepublic

The post Drogas, sexo y música infinita: ¿cómo fue vivir Woodstock? appeared first on Cultura Colectiva.


Fuente: Cultura Colectiva