Después de haber quemado los cartuchos de la pasión, después de haber terminado un viaje por las arrugas de la piel de otro, por los lunares y los surcos de la historia de esa persona a quien amabas… después, cuando todo se acaba, cuando se apagan las luces y la gente abandona la sala donde se proyectaba su bella cinta idílica, ¿a dónde van los suspiros, los “te quieros”? ¿A dónde huyen los corazones que se quemaban en letras apasionadas, ahora convertidas en poemas de desamor?

¿Qué sucede cuan el amor se marcha con el cuerpo de la persona que se ha alejado?

A veces, simplemente se esfuma y somos nosotros quienes decidimos no continuar; la apatía y la desgana nos hunden los pies en la tierra y nos dejan inmóviles, creciendo como flores de invernadero…

pareja en un río foto de andrea peipe

“¿A dónde vas?”, recuerdo haberte preguntado, como si me importara, albergando ansias de acudir a tu respuesta; pero dormidas estaban mis ganas de ir contigo, tanto como las de quedarme viendo tus piernas impulsando velocidad mientras los músculos de tu espalda se contraían en efecto de tu movimiento tenue y constante, en consecuencia de la lejanía que la endiosaba a cada paso.
Yo partí por la vereda contraría, volteando innumerables veces con la absurda expectativa de verte en pos de mí, dejando escapar una sonrisa de travesura.

Ya en el trayecto de mi andar lo supe, era inútil; te dije “¡Chau!” y celebré la despedida, me sentí destripada de ti, desmembrada de un cuerpo prójimo. Caí en cuenta de golpe. Ahora me perseguirás de la forma más abochornante: creeré que te veo en una cafetería, como quien alucina; te soñaré tocando a mi puerta, cantando tu canción y besando mi vientre, como quien despierta de su propio llanto; te sabré en mi soledad; te querré en mi gloria; te sentiré bajo mi frente en la zozobra; pero ante todo te odiaré.

mujer bajo el agua foto de Andrea Peipe

Te odiaré porque entrarás sin decir “con permiso” y te has de colar por los barandales de las fiestas donde, sin más, ya no te he de esperar; te odiaré porque sin pretender, tu risa burlona se va a esconder en las cartas para amores futuros, ajenos y olvidados; sin mesura te voy a odiar al verme sostener en el baile unas manos nada tuyas, te odiaré sin piedad de mi amor cuando mis dedos no vuelen en tu enmarañado cabello oscuro. Te he de odiar cuando, difuso, te comiences a terminar y te diluyas entre la rutina y los sueños para confundirte, y no saber qué de ti es real y qué de ti es invención de mi ser creativo.
Te has de agotar, mientras yo me halle desierta de ti, te verás constreñido entre tu recuerdo y mi carácter.

Después las personas creerán que eres un cuento más, un poema a merced del alcohol, el personaje de un libro que nadie ha escrito, cuyo borrador se halla entre las páginas de mis libretas.

Para quien lea de ti, te dé otro rostro, otro nombre, te viva con otro amor.

Y yo, por más que intente hacerte letra precisa, será tarde; ya nuestras risas no se volverán a traslapar y nos habremos perdido.

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Tal vez una vez más te hayan fallado las estrategias para olvidar...para esos momentos de nostalgia que trae consigo darse cuenta de ello, te recomendamos algunas Pequeñas cafeterías en la CDMX que te darán una enorme sorpresa, para que calientes tu alma con una bebida y más poesía.

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Las imágenes que ilustran el texto pertenecen a la fotógrafa Andre Peipe; conoce más sobre su trabajo dando click aquí

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Fuente: Cultura Colectiva