En la actualidad, la política está de moda y los debates políticos se han convertido en recursos fiables de los medios para ganar audiencia. Un día normal sin escuchar el nombre de un político es un reto que solo los ermitaños pueden permitirse. Los medios de comunicación nos bombardean con noticias sobre política que acompasan los vinos de los bares y las tertulias de la siesta, pero, ¿en qué lenguaje nos hablan? Seguro que en la lengua de los caracoles no.
Si “la lengua de las mariposas” nos enseñó que los valores que se aprenden en la escuela pueden pervivir a pesar de políticas represoras, la lengua de los caracoles nos puede enseñar que la política no consiste en obedecer, sino en preguntar. Y es que, normalmente, cuando pensamos en política nos imaginamos un espectro que va desde izquierda a derecha.
Dentro de este espectro situamos a los diferentes partidos políticos baremándolos de acuerdo a un centro subjetivo. También pueden cambiarse los términos izquierda y derecha por demócratas y republicanos, liberales y socialdemócratas, u otras formas similares, pero que en esencia se parecen mucho.

Centrando la política
Constantemente los políticos intentan mover a su partido dentro de ese espectro. Por supuesto, no lo hacen cambiando sus posturas sino usando juegos de palabras o, en cristiano, manipulaciones. Así escuchamos constantemente que todos se consideran partidos de centro y demócratas, mientras que sus oponentes son radicales, casta o populistas. Mediante la repetición de palabras intentan persuadirnos de que ellos son los buenos y los otros los malos, un mundo en blanco y negro.
Estas formas de pensar en la política hacen que no veamos más allá y nos posicionemos en alguna parte de estas dicotomías atendiendo a nuestras preferencias. Estas dicotomías también llevan a que, en cierta medida, rechacemos a la categoría con la que no nos identificamos. Si yo me considero demócrata voy a rechazar las políticas republicanas. A veces, incluso estando de acuerdo con algunas de sus ideas, las rechazamos debido a esta dicotomía.
Estas formas de hacer política comparten algo en común, nos imponen una realidad que tenemos que aceptar. No importa de que color sea esa realidad porque nosotros solo obedecemos mientras ellos mandan. Sin embargo, siempre hay luz al final del túnel y existen otras formas de hacer política. La lengua de los caracoles nos enseña a obedecer mandando y mandar obedeciendo.
La lengua de los caracoles
Pero, ¿qué es la lengua de los caracoles? ¿Los caracoles tienen lengua? Pues alejándonos de la anatomía de los caracoles, su lengua o, mejor dicho, lenguaje, no es el de unos animales llamados caracoles, es el de una organización política o forma de vida que siguen los neozapatistas en Chiapas, México. Según cuentan, los neozapatistas fueron unas pocas personas armadas que, guiadas por el espíritu de Zapata, se integraron en la selva con el fin de enseñar a los nativos de distintas tribus como debían vivir.
Cuando comenzaron a hablar con los nativos se dieron cuenta de que, más que enseñarles, lo que tenían que hacer era aprender de ellos. Quisieron imitar a “nuestros políticos” predicando lo que se debe hacer, en vez de escuchar para aprender como mandar y olvidándose antes de obedecer para que después alguien reconociera su autoridad.
Tras el primer traspiés, aún con el sock de ver sus ideas revolucionarias pisoteadas, decidieron quedarse entre los nativos y aprender de ellos como hacer política. Tras años de fracasos, resistencia y alegrías, los neozapatistas viven organizados en distintos distritos o, como ellos los llaman, caracoles. Su forma de gobierno no es aplicable en ninguna otra sociedad, como ellos bien dicen, pero aun así, sigue siendo un ejemplo a seguir.

Sus líderes masculinos son denominados subcomandantes, mientras que los femeninos son comandantas y los nombres públicos que usan son adoptados de aquellos que murieron luchando por su causa. Tienen sus propios medios de comunicación y rehusan de cualquier otro medio que pueda tergiversar sus palabras. Sus líderes cambian continuamente y son meros representantes del pueblo. Ellos obedecen mandando y mandan obedeciendo.
El modelo político que proponen no se puede copiar porque está vivo y se forma en el día a día. Aprenden de sus muchos errores y rectifican avanzando, despacio pero siempre hacia delante, como los caracoles. Ellos hacen política preguntando, preguntan a la gente qué les parece lo que hacen y, si a la gente no le gusta, lo cambian. La mejor forma para definir su política se encuentra en su lema: “queremos un mundo donde quepan muchos mundos”.
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Fuente: lamenteesmaravillosa