El siguiente poema nos demuestra que la felicidad no siempre llega como deseamos:

El colorido cataclismo de la felicidad.
La cordura se mantiene ausente,
me miras; conozco bien tu carencia de honestidad,
pero me otorgo al silencio. Por ti, una vez más.

En este escenario imaginario,
un concepto mal elaborado,
cubierto de erróneos significados;
pasan cobrando factura, desde que la segunda sombra a mi lado desapareció.

Fundé mi república de la felicidad,
a base de piezas que no encajan,
y me lo creí,
porque pensé que así estaría bien.

felicidad


Abrazos mal conjugados,

noches de juerga y tabaco,
arrepentimiento irreversible, en ese momento invisible.

Amar sólo a ratos,
pretendiendo que es eterno.
Leí las despedidas entre líneas,
pero necesitaba algo en lo que pudiera creer.

La piel ya no hablaba,
iban dándose de jalones,
y a la mala, después de blasfemar un poco;
se tocaban.

Absurda manía.
Castillos de fantasía
en espera, siempre en espera
irremediable agonía
las horas no corren
la República se desmorona
los conceptos colapsan.

felicidad

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La búsqueda de la felicidad suele estar llena de momentos tristes, dolorosos o desesperados… sobre todo si ésta no aparece como la imaginamos, pues la felicidad absoluta no existe, sólo la que nosotros construimos, tal como lo transmite el poema “Para llegar a la felicidad hay que padecer un poquito”.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Andrea Peipe.


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Fuente: Cultura Colectiva