La manipulación de la literatura nos ha cegado hasta hacernos jurar que cuentos como el de la niña que es engañada por un lobo a la mitad del camino son, meramente, historias que se le pueden leer a un niño antes de dormir. La realidad es que el origen de ciertas historias rebasan hasta la crudeza de los hermanos Grimm.

En el caso de Caperucita Roja, historia que todos conocemos como un gran lección para jamás confiar en extraños y siempre obedecer a nuestros padres, realmente se trata de la analogía sobre la violencia sexual y el canibalismo. Ergo, el cuento pasó de generación en generación de manera equivocada y gracias a que Charles Perrault lo transcribió en 1697 con algunas modificaciones, o mejor dicho, sin ciertos pasajes.

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¿Dijimos canibalismo y abuso sexual? Así es… la verdadera historia de aquella niña que le lleva pastelillos a su abuela se torna oscura cuando en su versión original se escenifica el momento en el que esta pequeña es engañada por el lobo para hacerla comer carne y beber sangre de su propia abuela.

La infancia rota de Isabel Cuadros Ferré y Martha Ordóñez es un libro sobre la superación del abuso sexual en el que se mencionan los símbolos genuinos expuestos en este cuento. En primer lugar, el lobo encarna al abusador sexual, quien aborda a la mitad del camino a Caperucita con el fin de obtener toda la información que necesita para acorralarla más tarde en casa de la abuela. Cabe mencionar que, al igual que los abusadores sexuales lo hacen, el lobo sociópata no agrede a su presa inmediatamente. Él espera y traza un plan para “comerse” a Caperucita con total tranquilidad y placer.

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Por otro lado, el agresor sexual siempre intenta deshacerse de la figura que protege a su víctima; así lo hace el lobo al correr a casa de la abuela para devorarla antes de que Caperucita se encuentre con ella. Evidentemente, cuando eso sucede la protagonista se confunde mucho al toparse con una abuelita en pijama casi irreconocible. En el texto de Cuadros y Ordóñez justamente se aterriza cómo esa desorientación es habitual en infantes que sufren de abuso por parte de un familiar.

«Cuando la niña llega, encuentra esta nueva abuelita, que le produce una sensación de confusión, igual a la que sienten las niñas cuando el padre amoroso de día se transforma y abusa de ellas en la noche, no pudiendo entender en su mente infantil cómo ha podido ocurrir este cambio».

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No sabemos si por el verdadero trasfondo de este cuento Walt Disney nunca lo llevó a la pantalla grande, lo que es seguro es que la historia que a nosotros nos contaron –para entender que no debemos hablar con extraños– no tiene nada que ver con la versión original en la que, resumidamente, un lobo con intenciones libidinosas descuartiza a una anciana para sorprender a una menor a la que obliga a acostarse con él completamente desnuda.

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Además de la transcripción, Perrault escribió una moraleja a manera de rima para entretener a los invitados de la Corte de Versalles y, al mismo tiempo, advertir a los jóvenes del peligro:

«Las jovencitas elegantes, bien hechas y bonitas

hacen mal en oír a ciertas gentes,

y que no hay que extrañarse de la broma

de que a tantas el lobo se las coma.

Digo el lobo, porque estos animales

no todos son iguales:

los hay con un carácter excelente y humor afable,

dulce y complaciente, que sin ruido,

sin hiel ni irritación

persiguen a las jóvenes doncellas,

legando detrás de ellas

a la casa y hasta la habitación.

¿Quién ignora que Lobos tan melosos

son los más peligrosos?».

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Aunque la mayoría le adjudica la historia de Caperucita Roja a los hermanos Grimm, quienes le dieron otro giro al cuento en 1812, el verdadero origen de este tétrico y triste relato se reduce a una leyenda que Perrault dosificó para suprimir los momentos en los que el canibalismo y el abuso sexual se apoderan de una de las aventuras infantiles más famosas de la historia.

Fuentes:

Ordóñez Vera, Isabel Cuadros, “La infancia rota” (2006)


Fuente: Cultura Colectiva