Cuántas veces hemos considerado que alguien que está cerca de nosotros podría tener tendencias sociópatas o psicópatas* –ambas porque en realidad no distinguimos bien la diferencia–. Hablamos con los que están a nuestro alrededor y hacemos conjeturas sobre los que son diferentes al resto. Listos para atacar, para considerar posible un asesinato en masa, hacer actos vandálicos que pongan en peligro su vida o simplemente intenten algo que a los ojos del resto parezca una locura, los vemos con sigilo y esperamos nunca provocarlos.

Decía Lacan que el lenguaje es uno de los indicadores más importantes de las actitudes y pensamientos del ser humano. El lenguaje entonces, está lleno de simbolismos y signos que nos permitirían descifrar todo lo que se esconde detrás de la personalidad de un individuo. Esa relación que  brinda es la que nos hace conocer al resto y relacionarnos con ellos; sin embargo, existe un indicador de todo lo contrario, un indicador que como alarma, nos alerta de que alguien no entiende las cosas como debieran.

“El gesto vacío”, un “ofrecimiento hecho que está hecho para ser rechazado” es ese indicador. Aquellas cosas que consideramos, “dichas por compromiso” son un buen ejemplo de a qué se refiere esto. El gesto vacío entonces, está listo para hacernos sentir mal, porque el ser humano vive en una paradoja entre nuestras elecciones libres y aquellas que hacemos porque la sociedad lo impone. Fingimos por amabilidad pero lo hacemos mal. Tal vez lo hacemos mal de manera consciente para que las otras personas se den cuenta de que no queremos estar a su lado… suena bastante lógico.

gesto vacio sociopatas
Un “si quieres ven”, “qué gusto me da verte” (cuando nunca antes te llevaste bien con esa persona), etcétera, sólo son frases que llenan huecos y nos permiten vivir en sociedad, porque tal como asegura Zizek, lo verdaderamente relevante se encuentra debajo del texto, en lo no dicho y lo que callamos a pesar de que sepamos que podría ser necesario decirlo para que la otra persona no se ilusione.

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Así, para los sociópatas es imposible distinguir este gesto vacío, pues son incapaces de sentir empatía o remordimiento por sus acciones. También conocido como “desorden de la personalidad antisocial”, los sociópatas parecen encantadores y son muy buenos mentirosos. Cuidan mucho su espacio privado, por lo que es muy complicado que los demás atisben sus pensamientos y emociones. De este modo, los sociópatas tienen alta autoestima y se piensan como grandiosos, sin importarles el resto.

Pueden transformarse en criminales pero si lo hacen, no tienen reparo en cubrir sus acciones a toda costa y así obtener lo que quieren con mentiras y manipulación. Controlan sus impulsos pero no reconocen sus acciones como incorrectas. Les es complicado aceptar la autoridad y a veces se sienten un poco paranoicos si alguien más está a cargo. 

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Fuente: Business insider

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